Hola amigos. He estado unos días ausente, de vacaciones, pero aquí estoy de nuevo pretendiendo compartir esta vez, una historia que me ofreció esta universidad tan de carne y hueso, como es la vida. Además tiene como referencia el curso de verano que realicé en Requijada (Segovia). Surgieron muchos temas, ideas, sentimientos, confesiones… de allí, que nos implicaron como hermanos el uno con el otro, dándonos cuenta de que: faltaba vino.
Por supuesto que no me refiero al líquido fermentado fruto de la viña y el trabajo del hombre, si no al hecho acontecido por una extraordinaria MADRE, diciéndole a todo un Dios, que LLENARA UN VACIO, en las bodas de Caná: Juan 2: 1-12.
Esa simple frase, lo decía todo: “Falta vino”. Y cómo negarle algo a una madre que ya se postró ante el altísimo y se entregó por entero a sus designios. Porque habrá muchos hombres que no entiendan la grandeza de ese gesto, pero sí lo hizo su hijo y por eso, ella es tan EXCEPCIONAL.
Pues bien, aclarado este punto y avanzando un poco más sobre el anterior, os contaré que al conocer más íntimamente a los integrantes del grupo que se conformó en aquel curso de CONVERSIÓN, apto para todos los que quieran renovar o encontrar su fe, nos dimos cuenta de que uno de los miembros tenía una necesidad imperiosa de llenar un vacío que le impedía DAR lo mucho que es capaz de ofrecer, si no fuese por una terrible enfermedad.
Algunos podrán pensar que las enfermedades las manda el Señor para hacernos pasar por una experiencia de reconciliación, penitencia, iluminación… Pero ella, lo tenía claro: No venía por parte de Dios, ya que él sólo da lo SANO y BUENO, que habita en el mundo. Aquella afirmación me llenó el corazón a mí y a una compañera portuguesa con un corazón enorme y una gran sensibilidad, que enseguida me buscó para que, juntas, moviéramos lo necesario para crear «un milagro».
Esta petición que en un principio puede parecer una locura, finalmente la recogí de buen agrado, porque yo adoro las locuras. Rápidamente encontré dos aspectos importantes a tener en cuenta: que la curación comienza en uno mismo y en ese punto sólo podíamos inspirar confianza y fe en la persona que estaba viviendo ese proceso y segundo: que si alguien, ajeno a la persona que sufre, puede hacer también algo, es el de una INTERCESIÓN divina, puesto que la primera opción es la vía directa del que tiene una fe mayor que el de un gramo de mostaza. Parece muy pequeño ese tamaño, pero es gigantesco cuando tienes que VARIAR LAS LEYES DE LA LÓGICA HUMANA.
Por tanto, recogiendo esa hipótesis, les líe de tal modo a todos los dispuestos a acudir a un sitio muy especial, que hacía siglos corroboraba, había sido visitado por la más grande de las madres, que me les llevé allí: a CUBAS DE LA SAGRA en Madrid. Yo ya lo conocía y la primera vez que lo visité me impactó emocionalmente y todo se movió entorno a mí, para que pudiera recibir la magia del lugar, por lo que no lo dudé.
Sin embargo he de decir, que se dieron una serie de dificultades a lo largo del camino, que cambiaron mi perspectiva. Fueron tantas y tan variadas que las resumiré en: contratiempos. El caso es que yo esperaba silencio y hubo ruido debido a unas obras que se estaban realizando en el interior de la iglesia. La monja que ya me conocía me dejó las llaves para entrar en el núcleo central del milagro, dispuesto bajo tierra y cerrado al público. En un principio me entristeció que ella no pudiese acompañarnos ─debido a otro contratiempo que nos hizo llegar a altas horas de la tarde─, sin embargo fue lo que nos permitió dejar algo personal de nuestra amiga, en el lugar más cercano al punto elegido por María, ante tanta libertad. Luego rezamos, oramos, meditamos, unimos nuestras manos para mandar energía a una fuerza que si nos estaba observando, pensaría que estábamos bastante locos: Pero fue por AMOR.
Cuando terminamos nuestro particular ritual, regresamos a nuestra consagrada casa y noté que esa escapada creo murmullos entorno a nosotros, en especial sobre mí, porque les había hecho llegar tarde a casa y había hecho esperar a todos, por… algo que no puede cuantificarse. Nunca podré AGRADECERLES lo suficiente, su fe al menos en mi alocada idea. ¡Qué grandes somos también los seres humanos!
Confieso que por todo ello, me sentí algo aturdida y triste. Les había movilizado durante arduas horas y parecía que nada se había movido desde que tuve la conversación con nuestra amiga, aquejada de una grave enfermedad, pidiéndola que me entregara algo que fuese tan especial para ella, como para que lo tuviese la madre de todos. Y lo hizo con todo su cariño, tras escucharme confesarla que iba a buscar a dicha intercesora, protagonista de lo más sagrado, allí donde pudiese, para decirle que FALTABA VINO. Pero aparentemente, nada se movió… ¿Dónde está mi fe? Pensé.
Todo esto os lo cuento, para ver si me echáis una mano, ORANDO también vosotros haciendo esta misma petición. Quizás faltó esa inspiración, ese halo protector que me guió la primera vez. No lo sé. Lo que sí que sé, es que la fuerza de muchos, tiene un gran PODER, por eso de nuevo, vuelvo a tratar de buscar dentro de los corazones de todos aquellos que creáis que una simple frase, salida de lo más profundo del corazón, puede mover esa montaña.
¡Por nuestra hermana! No hay palabras para describirla, pero son precisamente sus palabras, su valor, ímpetu, entrega… los que podrían hacer de este mundo, uno mejor.
Por mi parte repito, con la fe que soy capaz de emitir:
¡AMADO JESÚS, FALTA VINO!
LOVE, Carmen.
