En busca de la VERDAD

«La verdad es tan valiosa que no se puede obtener con dinero, sólo con el corazón»

Hola amigos. Hoy tenía una serie de inquietudes que resolver, y como por arte de magia, apareció, Ada. Me dobla la edad, pero tiene la cabeza muy, muy en su sitio y el corazón, ni os cuento. Yo estaba en la peluquería, contenta y esperanzada, pero también con esa dudas. Ella estaba ahí leyendo un libro que amansa el alma y sin saber cómo, finalmente nos ganó a todas mientras nos explicaba como tenía unos nietos preciosos, un hijo misionero que aunque sufrió mucho de bien jovencillo, ahí estaba ahora él, salvando vidas, sin recibir, aparentemente, nada a cambio. Ada, lo había enseñado así y juntos actuaban de esa manera tan poco habitual. Sin embargo a pesar de haberlo dado todo a los demás, incluso sus pertenencias, si, así, tal y como suena, ella no parecía triste, ni preocupada, tenía su paguita, su piso alquilado y le era más que suficiente.

Cuando su suave y sabia voz nos abandonó, prometiendo volver la próxima semana. Leire (de profesión, peluquera, pero tan cercana y humana como la que más) y yo, nos sentíamos rendidas a sus pies. Sin embargo intentábamos entender racionalmente su manera tan altruista de actuar y siempre aparecían nuestros fantasmas; la hipoteca, trabajar para vivir algún día en vez de tanto estrés, la carrera de los niños…, pero entonces, sí lo que hacía no convencía nuestras “inteligentes” cabecitas, ¿qué fallaba?

Luego me di cuenta, ella también hablaba de Jesús, pero además de admirarlo, se unía a Él, a su misión, porque si nadie lo hiciese, ¿qué sería de esas personas que no tienen un duro para hacer esos maravillosos cursos que te aseguran llenarte de felicidad, o quién miraría los ojos tristes de esos niños perdidos y los socorrería, o quién intentaría luchar por los derechos de los más desfavorecidos sin miedo a sí tienen una piscina en su jardín o no?

En resumen, yo buscaba una verdad y la hallé. Ella confiaba en que Dios le abastecería de lo necesario, no tenía miedo, solo sentía el suficiente amor al prójimo, como para estar a su lado por estar, por dar, por ayudar, sin pedir nada a cambio. Tal y como Jesús envió al mundo a sus apóstoles, “id por el mundo, sanando, predicando, resucitando, y dad gratis lo que gratis se os ha dado, Dios se encargará de daros lo necesario”.

Sin embargo amigos, confieso, que aún sigo teniendo miedo, que siento, pero dudo, que admiro, pero no llego…, al menos tengo la tranquilidad de saber, que sé a dónde quiero llegar. No quiero que nadie vacíe mi ser, quiero que alguien llene mi ser, como ha hecho un poquito más hoy, Ada. Quiero seguir viendo personas por el mundo, ofreciendo su ayuda altruistamente y más cuando se trata de llenarte el alma. Quiero escuchar a gente que quiera compartir conmigo su punto de vista, sin pensar que tiene la verdad absoluta en su poder y que sepa también escuchar y empaparse del saber de los demás. Quiero el poder que te otorga la confianza de saber, que lo que realmente necesito, lo voy a encontrar, cuando sea como Ada, entregada, sin dinero de por medio y simplemente, lo demás,  OCURRIRÁ.

Me parece que tengo que volver a leer mi propia novela, con toda esa magia que, cuando lo cree, entró en mí y regalárselo a todas esas personas que no tienen dinero, pero que están ahí para recordarnos, quienes debemos de ser.

LOVE, Carmen