¡Hola amigos! Bienvenidos un día más a mi blog. En esta ocasión me gustaría compartir con vosotros otra de esas experiencias que no han pasado delante de mí como si nada. Sobre todo porque además, está de actualidad y así aprovecho la influencia que esto ofrece. Me refiero a los marginados de nuestra sociedad, en concreto, a los que atraviesan el océano poniendo en riesgo sus vidas y dejando atrás las de sus familias, denominados: «Top manta».
No es la primera vez que escribo sobre ello, pero en esta ocasión, observo que han dado un paso adelante, unificándose en un «Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes». Y ya se han presentado en el parlamento de la ciudad condal, para hacer sus propias peticiones: y me ha encantado comprobar que han hablado claro ─como debe ser─, para aclarar que son ellos mismos quienes no quieren hacer la venta ambulante e ilegal que llevan realizando durante años para su subsistencia.
Ellos dicen reaccionar, por el hecho de que la policía les persigue por ello, aunque bajo mi punto de vista, debía de haber sido otro tipo de sentimiento el que les tendría que haber llevado a decir: ¡Basta! Ya que cuando uno se cree tan digno como todos los demás, lucha por no ser tratado como a un excluido sino por sus derechos, como lo que son: HERMANOS. Sin embargo, han aguantado carros y carretas, quizás porque les faltó amarse más y apelar a los valores que intrínsecamente todos llevamos dentro.
El caso es que por fin han reaccionado y se han ORGANIZADO para plantarle cara a esta sociedad hipócrita en la que vivimos. Espero que no cometan el error de ser manipulados por ningún partido político, ya que perderían su propia identidad y les daría una mala imagen. De momento ya han presentado 6 proyectos para tener una salida profesional: en la creación de un huerto ecológico, bazar de artesanía… en resumen: SALIDAS DIGNAS A PERSONAS DIGNAS facilitándoles un camino, ahora cerrado a cal y canto por su situación de exclusión económica y jurídica. Pero les queda mucho por delante si lo quieren conseguir ya que a la hipocresía no se la vence tan fácilmente.
De momento yo quiero hacer eco de sus propuestas y apelar al ser humano que todos llevamos dentro y que es CONSCIENTE de que todos somos igual de dignos y que las circunstancias nos pueden llevar a situaciones tan precarias como estas, o más. Al mundo se le cambia, dando uno mismo el primer paso. No podemos seguir mirando a otro lado cada vez que alguien huye de su país porque se muere de hambre y viene al nuestro en busca de una oportunidad.
A mí misma, el otro día, estando en la calle con la familia, en las fiestas de Palencia, por San Antolín, se me acercó un vendedor ambulante. Debía ser africano porque era negro como el carbón y con los ojos enormes y tristes por tener que estar casi rogando que le comprásemos una miserable pulsera/gafas/collares… adornos y utensilios que nos parecieron más feos que Picio. Pero no era esa la cuestión: era el hecho de que tenía que recurrir a ello para poder subsistir.
Tranquilos los más sensibles y dulces de corazón: le compré un collar poco agraciado, que guardo con mucho cariño. Y hasta le puse yo el precio: 8 euros. Pero le di 10, porque no tenía cambio. Él tampoco tenía. Le dije que cuando vendiera algo, tendría y así podría darme la vuelta, para que no se preocupase y me lo devolviese cuando pudiese. Él me dijo ─rompiéndome el corazón─, que yo era su primer cliente. Y teniendo en cuenta que eran las once de la noche… ¡Puf! Yo callé mi dolor. Él, erre que erre que tenía que devolverme el cambio y yo, erre que erre que no pasaba nada y que ya me lo daría. Porque en realidad no me hubiera importado que se lo hubiese quedado, pero al final encontró cambio y me lo devolvió. ¿Qué os parece? A mí me parece que este joven HONRADO a pesar de las grandes necesidades que tiene y de lo mal que está considerado, se merece como mínimo este artículo y que remueva nuestros corazones, porque ellos lo tienen, MUY GRANDE y son tan hijos del creador, como cualquiera de nosotros.
¡Seamos dignos, dando dignidad!
LOVE, Carmen.