Hola amigos. Hoy necesito hablar de un tema que, siguiendo las pistas de la vida, se ha topado en mi camino. Me he dado cuenta de que con la edad, acabas sabiéndote perdonar y resulta que no sólo no pasa nada por hacerlo, sino que además, te deja avanzar hacía el infinito.
Supongo que a estas alturas del texto, debo concretar para hacerme entender. Analizando el hecho de que nos cuesta mucho superar la frustración que nos proporcionan los supuestos errores que cometemos constantemente, he percibido, que son estas pequeñas derrotas o frustraciones de no alcanzar lo que habíamos considerado como objetivo, lo que nos impide lograr volver a intentar hacer las cosas de otro modo, hasta alcanzar la satisfacción que deseamos (perdonad si parezco muy “fisna” o empalagosa expresándome, pero ayer vi una película con temática científica, y ya veis…).
En fin, que a veces no damos el paso adelante que deberíamos, porque nos cuesta reconocer que hemos hecho algo “mal”. Decir que es parte de nuestro aprendizaje puede ayudar si luego lees a “Noam Chomsky”, pero yo hoy quiero llegar más allá.
Entender las cosas que nos pasas, está muy bien, pero resulta que somos una máquina tan compleja y única, que esto, es insuficiente si no atendemos al que manda y maneja el timón, nuestro SER. Por eso yo hoy os quiero proponer algo que puede parecer una insensatez; LLORAR.
Cuántas veces hemos dicho a los más pequeños; “no llores que no es para tanto” o peor, “llorar no es de hombres si no de nenazas”. Pues yo creo que quizás ellos nos estén enseñando una tremenda lección (para variar), de lo que precisamente alivia el alma, soltando ese dolor que te produce la frustración de encontrarte con tu ignorancia una y otra vez, a veces incluso ante gente que te parece más competente que tú y te hace sentir “chiquitita/o”.
Amigos, no somos chiquititos/as, ni tontos, ni torpes, ni malos, ni nenazas. Somos seres humanos en busca de la superación, que implica parecer, ineptos, apariencia que sólo se aleja cuando somos capaces de asimilar el modo en el que funcionamos y quitarnos el dolor que nos produce, sin miedo a los prejuicios que aún nos frustran más.
Por todo esto, sólo me queda deciros, que si necesitáis un hombro para llorar y pañuelos para evacuar todos los mocos que estáis dispuestos a echar hasta sacar fuera tanto dolor, espero estar a vuestro lado para escucharos y dejaros que os digáis lo que ya sabéis, VUELVE A INTENTARLO,MEJOR, HASTA QUE TE SALGA COMO NECESITAS. “PODEMOS”.
LOVE, Carmen.