Señora Merkel

Herzlos-Merkel-und-das-weinende-Maedchen_ArticleWideHola amigos. Generalmente suelo escribir una vez a la semana en mi blog, pero esta semana debo hacer una excepción porque hay una noticia que no puedo quitarme de la cabeza y me tiene lo suficientemente preocupada como para volver a mi blog y exponerlo.

Hace unos días una niña palestina afincada en Alemania, conmovió nuestro corazón, su nombre, Reem. La señora Ángela Merkel estaba frente a ella, escuchándola en su perfecto alemán explicarla su fácil integración en la escuela desde que llegó hace cuatro años desde un campo de refugiados del Líbano. Pero la historia que quería narrar era la de su familia, que sigue a la espera de que la administración resuelva su solicitud de asilo, lo que impide que el padre tenga un trabajo regular o que ella pueda plantearse su futuro a medio plazo.

Su pregunta fue clara, bajo una bella y enorme sonrisa llena de la inocencia que la otorga su juventud; ¿podremos seguir en Alemania y no volver a un lugar de miseria y sin futuro? La respuesta de la canciller alemana también fue clara, pero algo ocurría dentro del corazón de esta jefa de Estado, que la hizo acercarse a Reem para intentar consolarla, evidentemente en vano, ya que no hay palabras de consuelo, ni caricias suficientes si detrás no existen soluciones certeras y muy distintas a las que la Presidenta alemana pronunciaba.

Sin embargo todo no ha quedado ahí. Esta pequeña valiente, ha sido capaz de lograr que Aydan Ozoguz, ministra de Igualdad, asegurara al diario Der Spiegel que, “cada caso es diferente y debe ser examinado, pero muy frecuentemente hemos sido capaces de encontrar una solución». Bajo mi punto de vista esta es la magia que juntos somos capaces de lograr. La prensa cuestionó la reacción de la canciller y empatizó de inmediato con Reem, consiguiendo que todos nos metiésemos en la piel de la muchacha, porque hay ciertas verdades universales, como esta, en la que todos sabemos que cualquiera de nosotros podríamos estar en la piel de Reem y su familia.

Por este motivo quiero aprovechar ahora esta sensibilidad latente en nosotros, en la que todos nos hemos convertido en Reem, para pedirnos que nos sacrifiquemos lo que sea necesario, pero no dejemos a ninguna Reem desprotegida. Yo soy ella, todos somos ella. Si la fallamos, nos fallamos.

Es evidente que estos asuntos son difíciles de resolver, pero estoy segura de que la señora Merkel y todos los mandatarios de los países más desarrollados, si se lo proponen, serán capaces de encontrar una solución. El modo lo encontrarán si dejan a un lado las cifras y comienzan por escuchar a aquello que a todos nos conmovió con esa simple pero significativa escena con Reem como protagonista. La fuerza del corazón espabila la habilidad de toda mente, si esta tiene claro a dónde quiere llegar y tiene fe absoluta en lograrlo. ¡Se puede!

Por todo ello, señora Merkel, señores mandatarios, si les llega este escrito, encuentren el modo desde el corazón, porque saben que será la única manera de poder tener claro, que verdaderamente han hecho un buen y digno trabajo, que es para lo que están ahí.

Conseguirlo puede traernos buenas consecuencias y ninguna niña más, podrá dejarnos en evidencia.

Yo soy Reem. ¿Eres tú Reem?

LOVE, Carmen.

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