Vaciarnos para que Dios nos llene de Él

CAM00199 ¡Hola amigos una semana más! Hace poco un hombre con una de las sonrisas más inocentes que yo he conocido, en una reunión especial, nos comentó a varios, que el mejor modo de hallar la paz interior es vaciarnos para dejarle a Dios llenarnos de su sabiduría.

También puso un ejemplo, el de la madre de Dios respondiendo: «hágase en mí según tú palabra» tras descubrir que un extraño ente la comunicaba que era la elegida para ser la madre del ser más polémico, amado, odiado, cuestionado y  masacrado de la historia, no sin antes tener que sufrir las consecuencias de engéndrale antes de casarse, en una sociedad extremadamente machista y que además sería perseguida por ello, teniendo que parir lejos de su hogar, en un pesebre, al lado de un buey y una mula, para luego tratar de educar a un ser que ya es un Maestro de maestros y que la romperá inevitablemente el corazón en su última enseñanza tras permitir ser torturado y crucificado cruelmente sin que ella pueda hacer nada para evitarlo, en pos de la salvación de todos los hijos de Dios.

¡Vaya, justo el sueño que desearía encontrase cualquier adolescente en medio de la noche! Todo un planazo al que creo, pocos se apuntarían o más bien, sólo ella. Sin embargo María sintió que quien se lo pedía merecía su total confianza y olvidándose de sus propios deseos, lo aceptó.

Llegado a éste punto se me ocurren dos cuestiones: ¿Cómo saber reconocer de entre tantos “fantasmas” de turno que pretenden guiarte hacía Dios, al verdadero o verdaderos guías? Y aquí creo que interviene la habilidad de cada uno en saber identificar la verdad. Y segunda cuestión, ¿Cómo adquirir el valor de tirarte a la piscina sin flotador?

Está segunda cuestión es más complicada de responder, teniendo en cuenta que somos desconfiados por naturaleza (pecado original). Son las duras experiencias de la vida quiénes nos indican el camino a tomar, como a los científicos sus experimentos (“prueba-error”) con el objeto de hallar la formulación perfecta.

Tenemos toda una vida para probar todas las opciones posibles hasta hallar la certera, sin embargo hoy yo, quería recordar una de esas posibles fórmulas, la de María, que si no intentamos poner en práctica, jamás podremos comprobar si efectivamente es la Fórmula que necesitamos para hallar esa casa en la que encontrar, nuestro verdadero hogar.

¡Ánimos amigos!, cuestionároslo al menos y si el corazón os lo pide: ¡A la piscina con ello!

LOVE, Carmen

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